El camino hacia la torre no estaba en ningĂșn mapa.
Solo existĂa en los sueños.
AilĂ©n lo sabĂa. Lo sentĂa con cada latido del cristal sobre su pecho, con cada eco que resonaba en los rincones mĂĄs antiguos de su alma. No era un lugar fĂsico⊠no del todo. Era un recuerdo encerrado en una memoria colectiva. Un fragmento sellado entre raĂces, suspiros olvidados y la magia que precediĂł a todas las guerras.
Kaor no preguntĂł a dĂłnde iban. Solo caminĂł a su lado, con la mirada fija en el horizonte, donde