La frontera del bosque no tenía nombre.
Solo un susurro que se repetía entre los árboles: “No mires atrás.”
Ailén y Kaor se abrieron paso a través de la niebla matinal. El mapa que Maeyra les entregó marcaba el camino hacia el Valle de los Silencios, un lugar sellado por antiguas raíces y protegido por guardianes que ya no existían. Allí yacía la Sangre del Eco.
Un artefacto capaz de arrancar el alma de un vínculo… y convertirla en arma.
La voz de Teyon se había silenciado, al menos por ahora.