El reflejo metálico aún ardía en los ojos de Eva cuando Gabriel se acercó. El fuego iluminaba solo una parte de su rostro, dejando la otra sumida en sombras. Parecía un hombre dividido, entre la calma que intentaba mostrar y el secreto que ya no podía ocultar.
Luca sostuvo el rifle con ambas manos, apuntando directo a su pecho.
—Habla. Y que sea rápido.
Gabriel alzó las manos, tranquilo, sin apartar la mirada.
—No están solos en esta guerra. Creyeron que sí, pero no. Existe una red, dispersa, q