El símbolo brillaba débil bajo la luz de la luna. Eva se quedó inmóvil, con el corazón golpeándole en el pecho. No era un garabato viejo ni un accidente en la roca: era la marca del Contador, reciente, hecha con intención.
Se levantó despacio, apartando la mano de Luca de su cintura.
—¿Qué pasa? —preguntó él, con la voz grave.
Eva señaló la roca. Luca se inclinó, pasó los dedos sobre el grabado, y maldijo en voz baja.
—Nos están cercando.
—¿Cómo? —susurró ella, sintiendo que la garganta se le c