Después de la cena, el ambiente en el comedor se volvió tranquilo. Los platos ya habían sido recogidos por la asistente de la casa, mientras Aurora bostezaba ampliamente y se frotaba los ojitos con sueño.
—Mamá Lilian… —su vocecita sonó suave, casi un susurro—. Tengo sueño, pero solo quiero dormir si tú me lees un cuento.
Lilian sonrió con ternura, acariciándole el cabello.
—Cariño, ya es muy tarde. Mamá y Gabriel tienen que volver a casa. Esta noche dormirás con papá, ¿sí?
Aurora abrazó el bra