Eran las cuatro de la tarde. Varias maletas grandes y cajas se apilaban cerca del portón, llenas de ropa, documentos y objetos personales que Carlos reconoció al instante.
El coche de Carlos se detuvo frente a la casa. Bajó apresuradamente, con el ceño fruncido y una sensación de inquietud creciendo en su pecho.
—¿Qué demonios es esto? —murmuró, mirando confundido las maletas.
Entró rápidamente al patio. La puerta principal estaba entreabierta, y desde dentro se escuchaba música suave, un sonid