Esa noche, el reloj marcaba un poco más de las nueve.
En el despacho de Daryl, la lámpara del escritorio seguía encendida. Estaba revisando unos informes cuando su teléfono vibró sobre la mesa.
El nombre de Hugo apareció en la pantalla.
Daryl contestó enseguida.
—¿Sí, Hugo? ¿Qué sucede?
La voz de Hugo sonó algo apresurada.
—Señor, acabo de recibir noticias de un viejo conocido del grupo. Al parecer... Carlos lo ha perdido todo.
Daryl guardó silencio unos segundos.
—¿Todo? ¿Qué quieres decir con