Eran las seis de la mañana. Lilian abrió los ojos lentamente, aún un poco confundida. Por un momento olvidó dónde estaba, hasta que vio a Gabriel y Aurora dormidos a su lado, con esos rostros tranquilos de pequeños ángeles.
Sonrió suavemente y se incorporó despacio para no despertarlos. Estaba a punto de levantarse cuando escuchó unos golpecitos suaves en la puerta.
—Adelante —susurró.
La puerta se abrió, y apareció Daryl con ropa casual y dos tazas en las manos.
—Buenos días —saludó con una so