En una pequeña cafetería cerca del centro de la ciudad, un hombre estaba sentado solo, mirando sin expresión a través de la ventana.
¿Quién más podría ser, si no Carlos?
Su camisa seguía arrugada como el día anterior, el cabello ya no tan prolijo como solía llevarlo. Frente a él, una taza de café negro se había enfriado hacía rato, intacta desde que la pidió media hora atrás. Permanecía en silencio, con la mente perdida quién sabe dónde.
El sonido de unos tacones se acercó. Carlos no levantó la