Margaret tomó asiento sin entender del todo qué estaba ocurriendo. Miró a su madre, luego al señor Ferrer, y finalmente a Lucien, buscando una explicación en alguno de los tres. No encontró nada claro, era obvio que Lucien tampoco sabía absolutamente nada de lo que estaba sucediendo.
Sacudió ligeramente la cabeza.
—¿Alguien puede decirme de dónde se conocen? —preguntó, sin disimular la confusión—. ¿Qué es lo que está pasando aquí?
Mérida no respondió de inmediato. Su mirada seguía fija en el ho