Durante los días siguientes, Margaret se esforzó por mantener la misma actitud que había mostrado desde que comenzó a fingir que aceptaba su situación. No discutía, no hacía preguntas incómodas y siempre respondía a Adrien con calma. Aquello, poco a poco, había dado resultado.
Ahora ya no comía sola. Adrien había empezado a invitarla a desayunar en la cubierta, algo que para Margaret significaba mucho más que una simple comida al aire libre. Era la oportunidad de observar, de memorizar, de calc