Mientras tanto en el Yate
El agarre en su brazo fue tan brusco que Margaret apenas tuvo tiempo de reaccionar.
—¡Suéltame! —protestó, intentando zafarse mientras el hombre de Adrien la arrastraba por el pasillo del yate.
Las contemplaciones que se había ganado durante los días anteriores desaparecieron, Adrien estaba ofendido por su traición, sería algo que no le perdonaría tan fácil, por más amor que sintiera por ella.
Él estaba de pie cerca de la barandilla, con los brazos cruzados y la mirad