El tiroteo no había cesado. Las balas seguían atravesando el aire en ráfagas desordenadas.
Adrien, agachado detrás de una de las estructuras, observó la escena con el rostro tenso. Sus hombres retrocedían, algunos heridos, otros buscando refugio sin saber desde dónde vendría el siguiente disparo. Del otro lado, los hombres de Lucien avanzaban con una coordinación que él no había previsto.
Adrien estaba perdiendo el control, y lo sabía.
Apretó la mandíbula con fuerza. No iba a permitir que lo ca