El ruido de los disparos todavía retumbaba en el aire cuando el cuerpo de Lucien se desplomó frente a ella.
Margaret apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sus manos lo sujetaron por instinto, intentando sostenerlo, pero el peso de él la obligó a ceder hasta quedar de rodillas en la cubierta.
—Lucien… —murmuró, con la respiración entrecortada.
Él tenía los ojos entreabiertos, pero la mirada ya no estaba firme. Su pecho subía y bajaba con dificultad, y la sangre seguía extendiéndose por su camisa sin