Traiciones, decisiones y más (2da. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Arianna
Tal vez entendí el peligro demasiado tarde. No fue ingenuidad; fue una mezcla venenosa de orgullo y necesidad de control. En mi mundo, una muerte nunca fue una excepción. Por eso creí erróneamente que con la ausencia de Russell toda amenaza se apagaría, que el caos moriría con él.
Me equivoqué. La muerte de Carla me abrió los ojos de la forma más cruel posible. La culpa cayó sobre mí como un peso físico, opresivo. No podía dejar de pensar que quizá habría podido evitarlo si hablaba antes, si confiaba en Dominic, si no me quedaba inmóvil aferrada a la libreta como si fuera solo un objeto y no una condena. Por eso terminé revelando lo que sabía… aunque ya fuera tarde.
Durante el trayecto a la casa, el nudo en la garganta no cedió. La imagen de Carla tendida en el callejón regresaba una y otra vez, implacable. No podía dejar de pensar quién sería el siguiente. Porque algo estaba claro: quien la mató estaba eliminando cabos sueltos, borrando cualquier rastro