Traiciones, decisiones y más (1era. Parte)
Al día siguiente
Moscú
Viktor
Reconozco que habría sido casi un milagro que Dominic mordiera el anzuelo, pero el imbécil nunca supo actuar con verdadera sensatez. Siempre le pesó ser la sombra de nuestro padre. El apellido Todorov le quedaba grande, y yo lo sabía. A eso apunté cuando intenté venderle mi supuesta colaboración: a su necesidad de demostrar que tenía el control, de tapar su falta de mano dura.
Por supuesto, jamás tuve intención de ayudarlo. Mi único objetivo era encontrar cualquier rastro, cualquier cabo suelto que hubiese dejado el traidor de Russell Novak. Pero Dominic no cedió. Ni siquiera cuando lo provoqué, cuando lo empujé con desprecio. Su maldito orgullo fue más fuerte. Lo único que obtuve fueron insultos y amenazas del animal de mi medio hermano.
Aun así, no pensaba quedarme de brazos cruzados.
Contaba las horas esperando noticias de Kazanlak. De ese gusano escurridizo de Petrovic… o de Tatiana. Sobre todo, de la libreta. Mientras tanto, todo debía seguir funcion