Verdades a medias (3era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Dominic
Para mi desgracia, hay lazos que jamás pedí, ni quise, mucho menos elegí. No nacieron del afecto, sino de la sangre. Y la sangre, en este mundo, es una condena. Borrarlos no era una opción, así que la distancia se convirtió en mi mejor arma. Levanté muros. Siempre lo hice. Pensé que así podría dejar atrás el peso de ese vínculo que me resistía a reconocer, marcar una diferencia, ser visto solo como Dominic Todorov… no como una extensión de otros errores.
Pero al destino le gusta jugar conmigo de la forma más retorcida posible.
Por eso no me sorprendió —aunque sí me irritó— que el engendro de Bogdan apareciera en Divinas.
Cuando ese animal salía de la sombra protectora de Viktor, nunca era por algo inocente. Siempre había un motivo oscuro detrás. Algo que le beneficiaba a él… y que a mí me hacía pagar los platos rotos. Su sola presencia era un arma de doble filo.
Y aun así, no pude evitar la curiosidad. ¿Por qué quería la cabeza de Petrovic?
¿Una rivalidad