La verdad enterrada (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Arianna
Supongo que necesitaba más de Dominic, no me bastaba ese deseo suyo de cuidarme, sino el motivo o mejor dicho sinceridad por una puta vez en la vida, pero pedía imposibles. Estaba visto que ese hombre era incapaz de hablar con el corazón en la mano, de dejar de levantar esa coraza que se ponía de hombre rudo.
Aunque por un segundo me dio la impresión que lo haría. Lo vi en sus ojos. Y después no. Volvió a encerrarse. A provocar. A esquivar. La frustración me ardió en el pecho, pero no exploté. No tenía fuerzas para discutir con él. No esa noche. No después del asesinato de Russell. No después de recordar su garganta abierta, su sangre, sus últimas palabras…
Me encerré en la habitación con la intención de dormir, pero no lo hice enseguida. Pensé en Russell, en lo que sabía, en la libreta que dejó y en Dominic. Hasta que el cansancio me venció.
Sin embargo, el timbre me despertó de golpe, entonces me incorporé apenas en la cama, con el corazón acelerado. Me