Lo que estalla en silencio (4ta. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Viktor
En mi experiencia, nadie rechazaba una suma tentadora para quedarse con migajas. Siempre había un motivo oculto detrás de semejante estupidez: más dinero… o un ajuste de cuentas. Y cuando en la ecuación entraba una mujer, el asunto se volvía aún más sucio.
Lucca Petrovic había pedido un precio ridículo para encargarse de Russell Novak, pero quiso agregar una condición inesperada: quedarse con el club Divinas y ocuparse de Arianna Stoica. Eso sí era desconcertante. Esa serpiente jamás perdería la oportunidad de llenarse los bolsillos a costa mía.
¿Qué tenía ese club de especial? ¿Quién diablos era Arianna Stoica? ¿Una amante, una deuda, un capricho? No importaba. Lo urgente era eliminar a Novak.
Mientras evaluaba su pedido, podía escuchar a través de la línea el golpeteo impaciente de sus dedos. Estaba nervioso; los débiles siempre son ruidosos. Finalmente, respondí.
—Lucca, tu precio es irrisorio —murmuré con frialdad—. Dudo que quieras conquistar a esa mu