Luego de que Eva y Alejandro finalmente decidieran regresar, la vida había ido pedacito a pedacito cambiando. Augusto era verdaderamente feliz de ver a sus padres juntos, le encantaba llegar a casa y saber que ambos llegarían más tarde, jugarían con él, le ayudarían a la tarea y luego de cenar lo llevarían a dormir.
Para el niño, este era un sueño, un que le agradecía a su abuelo Maximiliano el poder vivirlo, en mente del niño, él sabía que su abuelo, desde donde estaba, lo había ayudado para qu