Eva y Alejandro llevaban ya un par de meses que habían vuelto a vivir juntos. Los primeros días habían sido un torbellino de emociones, buenas y malas, pues la luna de miel duraba poco.
Gracias a que estaba Augusto a su lado, ambos hacían el propósito por no dejarse llevar, por lo que su carácter exigía.
Un lunes cualquiera, Alejandro leía las noticias en su oficina, estaba un poco cansado y necesitaba distraerse, pues en breve entraría a una importante reunión.
El leía algunos artículos de fin