Alejandro, por instinto, llevó a Eva detrás de él mientras veía la camioneta donde estaba ya su hija y los otros niños.
- ¡Vengo por Eva! ¡Tú la secuestraste! No sé qué hayas hecho con ella, pero ella no se llama María, ella es Eva y es mi esposa… -dijo Alejandro mirando de reojo a Eva, que mostraba una gran confusión.
Pues si bien parecía no entender lo que sucedía, claramente escuchó que su esposo sí conocía al hombre que ahora la tenía detrás de él.
- ¿Tú esposa? ¡Por Dios, Alejandro! ¡Admíte