Tan pronto como Eva terminó la llamada, Alejandro sintió una punzada en el pecho, se quedó con la mente en blanco por unos segundos, pero, tan pronto reaccionó, sintió cómo una gran angustia lo invadía.
- ¡Da la vuelta! ¡Vamos a casa de mi padre ahora mismo! -dijo Alejandro con un tono que no aceptaba negativas.
- Señor, pero… -dijo su chofer.
- No hay, pero que valga, vamos a casa ahora mismo. -dijo Alejandro sintiendo que con cada segundo se hacía más grande la brecha que existía entre él y su