7. ¿Por obligación?
Emilia Díaz
Los días siguientes a mi reconciliación con Esteban fueron, en una palabra, perfectos. Ahora, él tomaba mi mano sin pedir permiso, como solía hacer antes, cuando apenas había contacto físico entre nosotros. Nos besábamos y abrazábamos con ternura, comportándonos finalmente como una pareja normal.
Además, en casa las cosas también habían cambiado. Mi padrastro Lorenzo parecía más tranquilo; ya no me gritaba como antes. Las comidas en familia, tanto el desayuno como la cena, habían de