40. Después de la tormenta
Narrador Omnisciente
Las luces rojas y blancas de la ambulancia pintaban destellos sobre las paredes de la mansión cuando finalmente se detuvo frente a la entrada principal. Los paramédicos bajaron con rapidez y eficiencia, empujando la camilla hacia el jardín lateral, donde Ernesto yacía aún entre los brazos de Catalina.
—Estamos aquí, don Ernesto —dijo uno de ellos con tono firme mientras lo acomodaban con cuidado—. Lo vamos a llevar al hospital.
Catalina no quería soltarlo, pero Santiago se