43. No es una despedida
Álvaro Duarte
El sol apenas comenzaba a trepar por el cielo. El aire de la mañana era suave, perfumado por los rosales del jardín. Las maletas ya estaban acomodadas en la parte trasera de la camioneta negra que esperaba con el motor encendido, vibrando suavemente.
Ernesto se apoyaba en su bastón, vestido con una chaqueta de lana gris y una gorra que le cubría apenas la frente. A su lado, Catalina irradiaba serenidad, pero sus ojos brillaban con esa tristeza dulce que aparece cuando uno se despi