21. En cuerpo y alma
A las siete en punto, Santiago llegó por mí, tal como había prometido. Vestía una camisa azul claro que resaltaba sus ojos, y llevaba un ramo de flores en las manos.
—Para ti —dijo, extendiéndomelo con una sonrisa tímida.
—Gracias —respondí, aceptándolo con una mezcla de alegría y tristeza. Llevé la nariz a las flores, recordando cómo se sentía caminar por el campo lleno de flores silvestres.
Santiago me llevó a un pequeño restaurante en el centro de la ciudad, un lugar acogedor, iluminado con