El amanecer colaba su luz dorada entre la lona del carro cubierto. Katherine se acomodó tratando de ponerse cómoda y de inmediato sus ojos observaron a Cassian quien entraba apenas.
Nada en él parecía diferente, salvo quizás, la sombra de cansancio.
Katherine lo escuchó hablar con sus hombres aunque no prestó demasiada atención, sin embargo, dejó que sus ojos se desviaran sobre él analizándolo lentamente hasta que se detuvo al notar de inmediato que sobre su abdomen había un corte y la tela de