—Maldita perra, eres muy lista, ¿No? Pero seguimos teniendo a tus bastardos...
En el suelo, Adhara tenía a Jessica inmovilizada con una rodilla en la espalda y el brazo torcido hacia arriba en una llave dolorosa. Jessica respiraba con dificultad y la sangre goteaba de su nariz rota.
—¿Quieres seguir llamando bastardos a mis sobrinos? —preguntó Adhara—. Porque puedo romperle algo más que la cara a tu aliada, perra.
Katherine no soltó el pelo de Serenya ni dejó de mirarla con la mandíbula apretad