Cassian desabrochó lentamente los botones de su camisa. Uno por uno tan deliberadamente lento.
Sabía lo que hacía y le encantaba observar como Katherine luchaba por no mirarlo.
Cuando lo vio sin camisa el aire se le atoró en sus pulmones un segundo.
El pecho de Cassian era amplio, tallado como si cada músculo hubiera sido esculpido por una divinidad.
Cicatrices cruzaban su piel aquí y allá, pero lejos de restarle atractivo, parecían parte del mapa de un guerrero que había sobrevivido a todo.
Se