Jessica extendió las manos y murmuró las palabras antiguas, las mismas que habían usado aquella noche para atraer a los cachorros que terminaron con el letargo de Cassian. La magia se deslizó por el bosque como una canción dulce, casi maternal.
No era una orden.
Era una promesa de seguridad.
Aquel era uno de sus poderes y ella podía controlarlo perfectamente bien.
En la distancia, los cachorros se inquietaron y ella lo sintió.
Uno a uno comenzaron a seguir el hilo invisible, desobedeciendo si