Cassian inclinó el rostro, tan cerca que sus labios casi rozaron los de ella sin tocarlos.
—Yo no suelto lo que tomo —le advirtió con un susurro que sonó como una promesa y como una amenaza al mismo tiempo—. Vámonos.
Cassian no dijo más, giró sobre sus talones con esa postura arrogante y letal que lo hacía parecer un rey oscuro salido del infierno y comenzó a caminar, sin saber cómo, Katherine supo que tenía que seguirlo.
No porque él se lo ordenara.
Sino porque ya no le quedaba nada en ese lu