El avión comenzó a moverse con un zumbido bajo, constante. Lena sintió un cosquilleo recorrerle el estómago cuando las ruedas se separaron del suelo. No sabía si era por la altura o por la presencia de Kerem, sentado junto a ella, observándola con ese silencio firme que siempre imponía. Sus ojos se notaban intensamente vivos de alguna forma la envolvían y la embriagaban.
El ascenso la hizo aferrarse al reposabrazos. Kerem lo notó, tomó una copa de champaña y se la tendió.
—Bebe un poco —dijo si