Kerem la sostuvo unos segundos más entre sus brazos antes de salir del agua. El sonido del mar se quedó atrás, reemplazado por el crujido leve de la arena bajo sus pasos. Lena lo miraba, sin apartar la vista de esos ojos azules que parecían contenerlo todo. El viento nocturno los envolvía, tibio, y las gotas del mar caían desde sus cuerpos mientras avanzaban hacia la casa.
Él no habló. Simplemente la cargó hasta el interior, cruzando el umbral de la residencia sin perder firmeza. Lena apenas re