El suave murmullo de la tienda apenas era un susurro en comparación al silencio que reinaba entre ellos.
Lena aún contemplaba con asombro los largos estantes, los maniquíes perfectos, los espejos sin mancha. Nunca había estado en un lugar así. Jamás pensó estarlo.
A unos metros, Kerem permanecía sentado en un sillón de terciopelo oscuro, con el rostro impasible, los dedos largos apoyados sobre los reposabrazos y la cabeza ligeramente girada, como si escuchara el mundo más allá de los escaparat