Lena apenas había dormido.
La noche anterior, Branwen tocó a su puerta con una noticia que le revolvió el estómago: el señor Lancaster la llevaría de compras al día siguiente. Las palabras habían sido pronunciadas con la mayor normalidad, como si fuera un favor, como si no se tratara del mismo hombre que la había ignorado, que se molestaba solo por oírla respirar cerca del ala este.
Desde entonces, el nudo en su estómago no había hecho más que apretarse. Estaba segura de que era una trampa, u