El aire afuera era fresco, el cielo londinense opacado por nubes pesadas que parecían a punto de romperse, alertas del peso que colgaba entre ellos. El interior de la tienda había quedado atrás, pero Lena seguía sintiendo el eco de las telas sobre su piel, las palabras imprudentes de las vendedoras, y la voz tajante de Kerem ordenándole que se quitara aquel vestido.
Rupert tomó todas las bolsas sin emitir queja alguna. Iban cargadas de ropa costosa, zapatos, cajas con delicadas cintas de sa