Kerem cumplió su palabra. Después del desayuno, un auto negro esperaba en la entrada. Lena vio al chófer abrir la puerta con respeto, y a Kerem salir con esa elegancia natural que no necesitaba ver para imponerse. Llevaba una camisa negra y una chaqueta gris oscuro que tanto le gustaba. El contraste entre su presencia fría y la suavidad con que, apenas rozó el hombro de Lena para indicarle que subiera al auto, siempre lograba desarmarla.
Durante el trayecto, Lucia iba pegada a la ventana, mante