—Ya llegamos —susurró Lena al oído de Lucia. La niña estiró sus brazos y bajaron del auto.
Mientras ambas se ocupaban de llevar todo a la habitación, el celular de Kerem comenzó a sonar en el bolsillo de su pantalón. Él aún se encontraba en la planta baja, un poco abrumado, aún no se acostumbraba a salir de la mansión y exponer al mundo su ceguera. Deslizó el dedo por la pantalla para contestar. El asistente de voz avisó que era el abogado.
—Adrián —saludó con su voz grave, ladeando ligeramente