Punto de vista de Arwen
Nunca imaginé que una gala pudiera comenzar con una discusión.
La limusina avanzaba por la avenida iluminada que conducía al Palacio de los Ancestros, donde los Alfas más influyentes del continente se reunían una vez al año. Desde la ventanilla contemplaba las columnas de mármol blanco y las enormes antorchas de fuego azul que marcaban el camino hacia la entrada principal.
Todo parecía sacado de una leyenda.
Y, sin embargo, había una silla vacía a mi lado.
La de Kayla.