Los brazos me apretaban con fuerza, pero yo me resistía a dejarme tocar y me sacudí, desesperada. No pasó mucho antes de que esas manos que intentaban sujetarme se rindieran y todavía seguí intentando liberarme de la sensación de su tacto, pese a que una voz me gritaba, en el fondo de mi cabeza, que ya estaba bien, que debía levantar la mirada y ver frente a quién estaba.
Esta vez la obedecí.
Levanté la mirada y pude reconocer, entre las sombras que los cubrían, a Ethan y Liam. Me observaban ig