—Vendrás a vivir con nosotros —repitió Axel ante mi silencio, uno que, como él pudo deducir con solo un vistazo, solo antecedía la explosión, que no demoré más.
—De ninguna manera me iré a vivir contigo —dije cuando noté que Axel había deducido que mi silencio no era para nada una callada aceptación de lo que me decía.
—Es que no te lo estoy preguntando, Sussan —dijo Axel con ese aire nuevo de padre amenazante que ahora había adoptado y que estaba muy lejos del dulce y conciliador hombre que ha