—Tu padre ha venido —repicaron las palabras de Lia en mi mente.
Tuve que procesarlas como si vinieran de un cuento fantástico que intentaran hacerme creer que era real.
La palabras “padre” me resultaba más fantasiosa que “dragón”, “duende” o “hada”. Solo no la encontraba en mi repertorio de cosas reales, existentes.
—Vamos, baja —insistió Lia y percibí algo de celos en el tono de su voz
¿Celos? ¿Por qué habría Lia de estar celosa?
—¿Dices que está aquí? —pregunté sin saber qué otra cosa decir.