—¡Te tengo! —repitió esa voz familiar, pero esta vez la sentí como si estuviera dentro de mi cabeza.
Me seguía sintiendo aturdida, aunque mi mente comenzaba a despertarse. Estaba pesada y recostada sobre algo blando. Olía a lavanda, era un olor agradable, pero aún así sabía que estaba en medio de un ambiente que se enrarecía conforme pasaban los minutos sin que pudiera levantarme.
Pese a que mi mente estaba regresando a lo que me había pasado, mis brazos y piernas seguían agarrotados, sin respo