Al girar hacia atrás, casi me caigo al ver lo que había producido el sonido que llamó mi atención.
Frente a mí, apoyados en sus cuatro patas, había dos enormes lobos negros.
Nunca en mi vida había estado frente a un lobo, ni siquiera los había visto en algún zoológico. Solo los había visto en televisión o fotografías por internet, pero ahora, en medio de ese bosque, tenía a dos, de gran tamaño, frente a mí, observándome como si yo fuese su almuerzo.
Desde luego que estaba asustada, pero la situ