—¿Pero qué demonios es esto? —Volvió a preguntar Liam, sin dejar de sujetar mi brazo.
—No es nada —respondí al tiempo que comprendía que, al cambiarme la blusa, me puse una que me dejaba el brazo descubierto y allí estaba el moretón que me había dejado la mano de Dub cuando me agarró con fuerza. Pese a que ya había pasado una semana desde eso, la marca de su agresión seguía ahí, ya tenue, pero todavía visible.
—No puedes decir que algo así no es nada, querida —dijo Ethan—. Será mejor que nos di