El café estaba en una zona tranquila de la ciudad, lejos del bullicio, lejos de las miradas curiosas. Luisa eligió una mesa al fondo, junto a la ventana, donde la luz de la tarde entraba como un suspiro. Enfrente, Damián sonreía con esa tranquilidad que ella había aprendido a admirar. Sobre la mesa, los documentos. La transferencia definitiva de sus acciones. El fin de una etapa. El comienzo de otra.
—¿Estás lista? —preguntó Damián, con voz suave.
—Nací lista —respondió Luisa, aunque por dentro