Los días pasaron como sombras grises en la mansión de los Benedetti. Una semana. Dos. El tiempo se alargaba como un chicle pegajoso que no terminaba de romperse. Erick seguía investigando, revisando documentos, haciendo llamadas, moviendo contactos. Pero las pruebas no llegaban. Damián había sido cuidadoso. Las cuentas en el extranjero estaban blindadas. Los testigos se negaban a hablar. Los rastros se perdían en laberintos de papel y transacciones imposibles de rastrear.
Luisa veía la frustrac