La noche envolvía la mansión como un manto de terciopelo oscuro. Luisa estaba acostada en su cama, con los ojos abiertos en la penumbra, los labios aún ardientes por el recuerdo del beso. No había podido dormir. No había podido pensar en otra cosa. Sus dedos subieron lentamente hasta su boca, tocándose los labios con una suavidad que la hizo estremecer.
El beso de Damián.
No fue un beso cualquiera. Fue un beso lleno de deseo contenido, de meses de miradas furtivas, de sonrisas cómplices, de car