La luz del amanecer se filtraba por las ventanas de la mansión de Luisa y Erick, pintando rayas doradas en el suelo de madera que parecían anunciar un día diferente, un día que quedaría grabado en la memoria de todos para siempre. Luisa estaba en la cocina, preparando el desayuno con una tranquilidad que no sentía desde hacía meses. Sus manos se movían con una precisión automática, pero su mente estaba en otro lugar. En el teléfono que no dejaba de sonar. En la espera que se había vuelto insopo